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EL ALFABETO

"El papel de la biblioteca es archivar, guardar, preservar todos estos documentos. Pero también, para estar a tono con los vientos de cambio en donde todo es visible a los ojos de todos, debe visibilizar sus acervos. No en vano, reza el dicho, el que no muestra no vende: si la idea es llevar más público a las bibliotecas, hay que romper sus muros y desacralizarlas, abrir las puertas y ventanas y ventilar todo lo que allí se guarda"

—Alonso Sánchez Baute, “Desacralizar”, El Heraldo, 8 de octubre de 2018

Los alfabetos que ilustran esta edición de la revista H-ART provienen de las colecciones de la Biblioteca Nacional de Colombia y, para ser más precisos, de un documento que ha pasado desapercibido por años: un catálogo manuscrito de la Colección de O bras Nacionales, como denominó Anselmo Pineda su recopilación de documentos vinculados con la historia de Colombia, una tarea que le tomó más de la mitad de su vida, hasta su muerte en 1880. En 2020 se conmemoran 220 años del fallecimiento de Pineda y este dossier sobre el siglo XIX resulta el mejor homenaje que se le pueda hacer por su dedicación a tan valiosa colección. Lo que se presenta aquí puede ser la primera publicación de muchas de estas imágenes que ilustraron al siglo XIX colombiano. En una época que demanda tanta información visual esta selección tiene la pretensión de ampliar la mirada que tenemos sobre el siglo XIX y las fuentes en las que dichas imágenes reposan.

Lo más destacado de la selección proviene de los libros del catálogo de la colección de Pineda. Son cinco tomos manuscritos redactados e ilustrados por su amigo Manuel María Paz, militar, cartógrafo y dibujante de la comisión corográfica. Entre los respiros que daba la guerra, sus habilidades de dibujante quedaban al servicio de Pineda para ayudarle a organizar los más de diez mil documentos — entre hojas sueltas, folletos y panfletos — que recopiló a lo largo de su vida.

Los alfabetos, en su mayoría manuscritos, son elegantes letras a dos y tres colores, aunque también hay rudimentarias xilografías. Volver con ojos de artista a visitar los archivos es la invitación que subyace a esta apuesta que la revista ofrece en este número especial: enriquecer las lecturas que se le pueda dar a una época sobre la que ya pareciera haberse escrito todo. Sin embargo las tipografías, los manuscritos, los clisés de los periódicos, la riqueza gráfica y artística del siglo XIX es más amplia de lo que conocemos, aunque se esconde en los intersticios de un universo limitado por los referentes europeos de donde bebió el mundo decimonónico impreso en el país. No es fácil encontrarla pero allí permanece, esperando a ser exhibida. Esta es tan solo una muestra, no solo para llegar a más públicos, sino también para interrogarnos por las formas en que los artistas se aproximan a los archivos.

La prensa, rica en títulos, no lo fue tanto en imágenes y grabados para ilustrar sus ejemplares y, en su mayoría, copias de clisés adquiridos en Europa o los Estados Unidos fueron usadas para ilustrar algunas pocas publicaciones durante el siglo XIX. Periódicos como El Duende (1847-1849) y El Agricultor (1868) usaron imágenes que recrean un mundo europeo para simular ambientes que la literatura creaba, o noticias que desde lejos les llegaban. Imágenes como la de un camello son ajenas al contexto geográfico colombiano, pero es posible encontrarlas en medio de las noticias sobre los trabajos literarios de un José María Vergara y Vergara, por ejemplo. Casos como El Neo-Granadino (1848-1857) o El Iris (1861-1862) son atípicos, en tanto se valen de una estrategia deliberada para usar el arte, los grabados especialmente, como gancho publicitario para captar más suscriptores. Aquí aún tenemos una deuda con artistas como Francisco Torres Amaya, impresor y grabador del siglo XIX, de quien está por realizarse aún un inventario de obras.

La idea de organizar alfabéticamente la enorme colección de hojas sueltas de Anselmo Pineda provino también de su amigo Paz, quien además de ayudarle con la elaboración de los detallados catálogos asesoró a su amigo sobre la mejor forma de organizar este mar de información. Émile Littré para Francia o James Murray para Inglaterra son dos ejemplos de construcción de proyectos nacionales a partir de la palabra, ambos sustentados en la elaboración de diccionarios que buscaban dar cuenta del uso del lenguaje en la historia. Para Colombia, Rufino José Cuervo fue el encargado de realizar tamaña tarea, la cual quedó inconclusa en la letra D, cuando llevaba alrededor de 30 años de trabajo.

En este caso la idea de recrear un alfabeto con las pistas gráficas que hemos seleccionado nace de una apuesta por uno de los más representativos mecanismos de clasificación del siglo XIX: los diccionarios. A manera de homenaje, como lo es también el dossier, los hemos usado como punto de partida para ilustrar y explicar una época. Realzar las palabras con imágenes es una herramienta pedagógica muy antigua y el siglo XIX no estuvo exento de esta herencia.

“Letras que no están: El uso y el abuso del idioma durante el siglo XIX” es una tarea en la que se embarcaron muchos. Resulta muy agradable comprender los pormenores de esta época si nos asomamos a los giros que al lenguaje le dieron sus protagonistas. No solo filólogos o gramáticos, también políticos y militares se engolosinaron con las riquezas del lenguaje. De hecho existe una disciplina que rastrea las intersecciones entre lengua y política, o entre lengua y poder, a través de la elaboración de diccionarios como discursos ideológicos: la Glotopolítica, así: Glo-to-po-lí-ti-ca. Pronúnciela en voz alta y verá cómo suena.

Las letras — la redacción de las palabras con una u otra letra— reflejaban un juego de poder, y a través de las letras de molde —impresas— que fijaban los periódicos o los libros que salían de las pocas prensas que tuvo el país se podía identificar la filiación política a una u otra línea por el uso, o no, de unas letras por otras. La J o la G , la I o la Y , se convirtieron en maneras de marcar distancia con ese pasado colonial a través del lenguaje mismo, tarea a la que los liberales dedicaron bastantes líneas desde sus periódicos, aunque fueron los conservadores quienes se llevaron la victoria en esta guerra del lenguaje. Una guerra más para el siglo XIX, la que se libró en las imprentas.

Camilo Andrés Páez Jaramillo

Coordinador Grupo de Colecciones y Servicios. Historiador de la Universidad Nacional de Colombia y magíster en Análisis de Problemas Políticos, Económicos e Internacionales Contemporáneos de la Universidad Externado de Colombia y el Instituto de Altos Estudios para el Desarrollo (IAED). Fue becario en 2008 de la Fundación Carolina en el curso "El Libro Antiguo: Análisis, Identificación y Descripción" de la Universidad Complutense de Madrid. Desde el Grupo de Colecciones y Servicios se encargada de difundir las colecciones documentales para seguir aportando al acceso a la información. Además, asesora a la Dirección de la Biblioteca Nacional en la formulación, coordinación y ejecución de políticas y planes generales relacionados con las diferentes colecciones.

El alfabeto ha sido realizado con letras extraídas del Fondo Anselmo Pineda (1805-1880), de la Biblioteca Nacional de Colombia.

Y es presentado a usted en los siguientes modos de ordenamiento.

Modo: Inicial